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PÁJAROS

La serie Pájaros se articula como una investigación sobre el movimiento y la construcción del volumen a partir de luz y sombra. La imagen de una bandada en vuelo funciona como punto de partida perceptivo, pero no como finalidad descriptiva. Lo que se activa es el plano y su transformación en espacio.

Desde las vanguardias del siglo XX, el problema del movimiento cuestionó la estabilidad de la pintura como imagen fija. En Pájaros, esa cuestión no se aborda desde la representación, sino mediante una operación directa sobre el soporte.

El lino o el papel —a menudo preparados artesanalmente— son intervenidos mediante incisiones que atraviesan la superficie. El corte no dibuja la forma: la genera. Cada abertura introduce un vacío real que, al proyectar sombra, produce volumen. La luz atraviesa la materia y convierte el plano en un campo dinámico.

En diálogo con las investigaciones espaciales de Lucio Fontana, la incisión no supone destrucción, sino activación del espacio latente del soporte. Sin embargo, aquí la repetición rítmica de los cortes construye una vibración continua donde el movimiento emerge como resultado físico de la interacción entre materia, vacío y luz.

El volumen no se modela por acumulación, sino por ausencia. La sombra deja de ser efecto para convertirse en estructura. Cada incisión altera el equilibrio del conjunto y desestabiliza la bidimensionalidad del plano.

En Pájaros, la pintura se afirma como presencia antes que como imagen. El movimiento no se representa: se produce. El espectador no contempla una escena; percibe una oscilación real entre superficie y profundidad, entre luz y sombra. El vuelo deja de ser motivo y se convierte en experiencia espacial.

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